EL ALGORITMO QUE NOS PIENSA
En la prisa que nos devora el alma,
teléfonos se erigen como altares fríos.
Palabras vacías, ecos sin peso,
se filtran entre grietas de cemento gris.
Robamos aplausos efímeros, digitales,
mientras la sociedad se rinde al facilismo.
Ya no es el pensamiento propio quien responde,
sino un algoritmo que piensa por nosotros.
Facilita el mundo, acorta distancias,
ofrece soluciones al alcance del tacto.
Y sin embargo, en la mesa familiar,
la humanidad se apaga en silencio.
— LMML