Quiero y no puedo
hallar las palabras que descifran
el significado de las emociones
y absorben la vibración del alma.
Busco entre las circunvoluciones cerebrales
donde arraigan símbolos arquetípicos,
sin ignorar que los vocablos y relaciones
surgirán intuitivamente del corazón sensible.
¿Quién halla la expresión que llega?
Torrente de voces rompen en las piedras
inconmovibles del inconsciente, firmes rocas
establecidas en la educación y la cultura.
De súbito aparecen, rimados, plenos de sentido;
llegan como el orballo cubriendo todo el espacio,
ocupando su sitio cada gota calladamente.
Una especial disposición emotiva
relaciona los conceptos aparentemenre
inconexos de manera sorprendente.
Surcan el azul los vencejos,
esos tizones como hoces, que chillan segando el cielo
en su deseo insistente de atravesar el agujero vacío
en las hojas de los apuntes de secundaria.
Bandadas de estorninos bailan colectivamente
en una demostración indescifrable de alegría sorprendente.
Saltan metros fuera del agua delfines
de quintales demostrando vitalidad y fuerza.
Campos de cereales sangran amapolas;
sus pétalos balbucean al viento
terribles recuerdos de históricas contiendas.
Muertos no nacidos se agitan en sus tumbas
clamando desde sus entrañas abiertas al vacío.
Cae el Sol en el atardecer silencioso
cuando los pájaros se convocan
para recogerse en la oscuridad protectora.
Vida. ¿Poesía?.
Poesía, vida.
Me llama.
Es el atardecer de mi tiempo, escaso ya.
Puedo ejercitar la mente.
El alma requiere otra coyuntura.
Es ocasión para retirarme.
Llega la noche.