No son solo tus manos.
Es el orden del mundo que se esconde entre tus dedos.
Cuando se mueven,
tienen la precisión de quien encuentra la veta en la madera.
Y cuando se detienen,
la paciencia de la piedra.
Tocan el aire como si el aire hubiera sido hecho solo para obedecerlas.
Donde pasan, el vacío se hace forma.
No son solo tus manos.
Son el momento en que el universo
recuerda su oficio