Ricardo Castillo.

Los vivos y los otros

La noche nos reúne.
Unos la atraviesan;
otros permanecen en ella.

RC

Las palomas de la noche vuelan debajo del edificio.
No es posible alcanzar las alturas.
Sueño con la tierra mientras duermo en el cielo.

La tierra se resquebraja;
traga los cadáveres frente a las costas.

Ya no sentimos; lo hemos olvidado.
Todos los días miramos al abismo.

Es miércoles.

En la estación de buses nadie se ve;
no hace falta,
todos caminan hacia su soledad.

La noche es larga y sin estrellas.

Solo quedan los neones
de un viejo antro,
las latas vacías,
los cuerpos de alquiler
y los travestis de Larco.

Y todo muere mientras duermo
lejos de los faroles,
del salitre
que mastica las rejas de las casas.

Me salva una plegaria,
un Dios pequeño me oculta.

Un arrullo de paloma se filtra en mi ventana.

Se ha callado el viento que nos miente.

He atravesado la noche.

Allá lejos,
otros duermen sin saberlo.

Nosotros,
todavía,
nos entregamos al golpe,
al dolor efímero de la tierra.

Ricardo Castillo
De: La hora crepuscular