Bet Vega Rojas

Metamorfosis de la Inocencia

¡Alguien! Escucho un crujido.
Alguien que corre veloz,
pisando las hojas secas y amarillas del bosque.
Se esconde tras los viejos troncos
que el viento derribó en su azote.
Es un misterio oculto: una niña que huye.
¿Por qué no voy con ella?
El silencio de la noche se vuelve perpetuo,
encadena el canto de aves nocturnas
y criaturas de este mundo... o quizás del mío.
Mi corazón late con fuerza al oír el follaje quebrado
por la prisa de sus pasos.
Es un laberinto de antiguos reyes y princesas.
Desde las alturas, el fuego enciende el cielo.
Un dragón ruge ante su ausencia;
llora la bestia porque no estoy a su lado.
La poesía florece cuando la poeta se marchita,
dando a luz a cientos de pensamientos vagos
que mendigan un papel donde plasmar sus letras.
Quisiera correr, quisiera volar,
y arrancar esta tristeza por la niña que escapa
de aquel gran dragón solitario.
En la penumbra, ella se funde con la noche:
se vuelve pantera
y abraza los árboles llorando.