Entre muros se murmura,
su propia existencia,
nadie conoce su locura,
nadie clama por paciencia.
Entre sombras se mueve,
imberbe su cara asoma,
cuando por alguien vuelve,
a liberar su alma.
Solo disparos se oyen,
instrumentos del despojo,
canción de muerte y sangre,
que en una esquina tiñen de rojo.
Rápido corre calavera,
pequeño y furtivo entre las casas,
con catorce años en este mundo,
blande su arma de forma altanera,
haciendo huir a los honestos con causas.
\"Algún día le llegara su día\",
dice su madre entristecida,
aceptando el dolor,
que calavera producía.