Cómo apartarse
de sus horas y sus días.
Si él, le traía la vida doblada
en papel origami.
Si podía cantarle en un idioma
que solo entendían los gatos
que retozan quietos
al filo del día.
Intentó arrancarlo
de sus entrevías.
Que no volviera a buscarla
como loco en la ventana.
Se había cansado de las
despedidas y sentía que los
días la devoraban por dentro.
Se marchaba
cruzando la tarde en una barcaza
donde solo cabía el día.
L.G.