(Venezuela se levanta)
La tierra desató su ira, sacudió sus entrañas con un rugido profundo.
Las montañas contuvieron el aliento mientras el suelo recordaba que también guarda una fuerza indomable.
Pero entre las grietas siempre despierta la esperanza.
No tiene voz, aunque florece en las manos que, sin conocerse, se buscan y se encuentran.
Porque el corazón se niega a rendirse.
Vuelve a latir sobre el polvo, aprende otra vez el nombre de la vida y comprende que, incluso después del miedo, siempre existe un nuevo amanecer.
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Rafael Blanco López
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