Andres navarro garrido

Cantar del río y la cascada

Cantar del río y la cascada

Nace el río en la paz de la montaña,

un hilo de cristal, calma genuina,

que con sutil y leve marcha fina

el verde valle con su curso baña.

 

Desliza su corriente sin apuro,

reflejo del azul en su sosiego,

un manto de silencio y blando ruego

que duerme la llanura en lo oscuro.

 

Mas de pronto, la tierra se fractura,

y el abismo despierta su rugido;

el viaje, que era un suave recorrido,

se torna en vertiginosa aventura.

 

Y se lanza en cascada hacia el abismo

borbotones de espuma, salto ciego;

un torrente de vértigo y de fuego,

que arrastra la corriente al cataclismo.

 

Cae el agua con fuerza y con locura,

rompiendo la quietud en mil pedazos,

entregada a los rápidos abrazos,

de una velocidad que la apresura.

 

Pero el estrépito al fin halla el reposo:

el golpe amaina, el vértigo se apaga,

y en un ancho remanso que halaga,

vuelve todo a su curso silencioso.

 

Es un estanque de agua limpia y clara,

un oasis de baños placenteros;

donde acuden dichosos los viajeros,

ya que el sol en su curso los ampara.

 

Y tras el breve idilio de ventura,

el río sigue el curso que traía;

avanza con la misma melodía,

borrando de su flujo la ruptura.

 

Avanza el agua en mística andadura,

perdiéndose a lo lejos en el prado,

como si aquel abismo superado...

fuese tan solo un sueño en la llanura.

 

Autor: Andrés Navarro Garrido