Dos mesas más allá del purgatorio
en donde departimos tres cervezas,
se hallaba Tentación con dos amigas
luciendo sobre el talle un abalorio
que atrajo mi atención y alguna intriga,
y las intrigas buscan sus certezas.
Sin duda, se trataba de una espiga;
un broche que exaltaba su belleza.
Dejaron en la mesa sus bebidas
y, al ritmo sensual del tres por cuatro,
saleron a bailar desprotegidas
de las miradas del Café-Teatro.
El vals de la ocasión puso los pasos
y el rap de los saludos hizo el resto.
Llenamos en la barra los seis vasos
y el brindis nos dejó en el lado opuesto.
\"Ahórrate preludios de ficción...
(me susurró al oído sin ambages,
clavándome su espiga y un pezón);
el fin de fiesta ya me lo conozco
y sé donde concluye este viaje:
me invitarás a ver el falso Bosco
que cuelga en la pared de tu salón\".
Y quiso ser deshielo en ambos polos,
y quiso ser el fuego en la trinchera,
y quiso eternizar la primavera,
y dijo vámonos sin protocolos.
Y se soltó de un toque la melena,
y se dejó en la antípoda al marido,
y se dejó al tabú en el olvido,
y nos iluminó la luna llena.
Sonaron en el suelo sus tacones,
no había ningún as bajo su manga,
su piel era un manual de proporciones
y descendí al infierno de su tanga.
Sus labios respondieron mis preguntas,
mi lengua derrapó por sus laderas,
sus piernas se negaron a estar juntas
y el baile comenzó en las caderas.