Como un pájaro hambriento,
elevaba mi sueño al infinito,
caminando a través de encrucijadas,
atajando por sendas de maleza,
ah, ángel del destino,
mástil que asoma desde el mar de las formas,
oleaje y embate,
cueva y garganta,
grito inútil,
voz de fuego y de humo,
sáciame con la vida,
víveres o maná,
alimento de un dios o de un mortal,
espiral, torbellino,
viento en círculos sosos,
principio de la sal en el cielo,
del vacío en la tierra,
de pasadizos,
miedos que no se atreven a rendirse,
como si mi existencia tuviera condiciones…
o mi muerte naciese en este instante
en el que dicto versos sin prismáticos,
cercanos, como mis ojos, solamente cerrados,
y es que esto es el mundo,
moraleja visual,
sin amantes ni pretendientes,
abriendo nada más que la mente,
para hacerlo más cómodo y confortable,
la zona de confort resulta un universo,
el hombre, construyendo
lo único
que no puede tumbar.