El Dios de las Flores
I
En un jardín secreto de auroras,
crecen las flores rojas, hermosas,
y mi ser las desea, enamorada,
para ofrecerlas al alma dichosa.
II
Mas un niño dios, guardián del encanto,
vigila el rosal con mirada severa,
bello dios alado, con su manto
custodia el amor con férrea bandera.
III
Una noche lo hallé dormido,
sus párpados cerrados, su aliento en calma,
y me acerqué con paso atrevido
a arrancar las flores que quería mi alma.
IV
Mas al rozar los tallos sagrados,
un ruido quebró la quietud del instante,
el niño dios despertó airado
y lanzó su daga, fulgor punzante.
V
Cayó mi pecho herido en la tierra,
la sangre mezclada con pétalos rojos,
pero la daga, y el milagro que encierra,
se tornó en flor al amanecer hermoso.
VI
Así la ofrezco a mi amado en canto,
flor nacida de herida y de fuego,
y en su perfume de dolor y encanto,
la dulzura y el filo del sosiego...
VII
Quedando encendida como beso eterno,
y enseñándote que hagas lo que hagas
el amor siempre viene con sus flores,
pero también con sus dagas.
Annabeth Aparicio de León
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