Las palabras se profugan de mi boca,
cortan como lima los barrotes,
no hay mayor libertad,
que letra viva que vuela.
Soy prisionero en tus sueños,
esclavo libre en los míos,
viajo descalzo en la noche,
camino sin hacer ruido,
temo que al despertar
la libertad pierda sentido.
Cuál es el límite,
que convierte libertad en fuga,
la distancia que las divide.
Tal vez sea la misma línea,
la que separa y confunde,
la que recuerda que toda libertad
es principio de fuga.
Porque toda prisión se extingue
cuando la palabra se libera,
y toda letra que vuela
se convierte,
en eslabón de esperanza nueva.