Ruge como una fiera a la distancia, impone su respeto el gran señor, entonando los cantos de su estancia con cuencas llenas de vida y de verdor.
Muchos buscan la paz de sus orillas, se abre paso con fuerza y destreza, ¡ay de aquel que se impone ante el!, te humillas, pues la corriente no entiende de nobleza.
Cuando empieza a crecer baja imponente arrastrando, las ramas y el olvido, el que conoce sale de repente, pues respeta la fuerza de su ruido.
Le hace saber al hombre que está vivo con la bravura que el cauce le heredó : En estos versos de lenguaje altivo.
¡La voz del río que nunca se callo!
Pedro Novoa Pavon...