El templo del respeto
Te pido una disculpa por recortar el tono,
la pena y la tristeza nublaron mi cordura;
cortar la voz de golpe fue el único abandono
para no hablar herida desde mi noche oscura
Te pido que valores mi fe y mi profesión,
los pasos del camino que libre yo decido;
no exijo que compartas mi humilde devoción,
mas siempre se respete en todo lo vivido.
No juzgues mis errores con tono despiadado,
que el juicio y la sentencia le pertenecen a Dios;
las almas en la tierra cargamos lo pesado,
y el mundo necesita clemencia en alta voz.
No busques compararme con nadie en esta vida,
y menos con la madre que fue nuestro lucero;
las marcas del destino nos dejan una herida,
con señas singulares que cargo en mi sendero.
Si quieres entenderme tal como soy ahora,
no mires el pasado que el viento ya se lleva;
camina por las sendas de rumbos y de aurora,
¡buscando la justicia de una verdad más nueva!
Aclaro los asuntos que atañen al hogar:
no soy una sumisa que vive a la deriva;
mi aporte es verdadero y lo habré de demostrar,
con toda la firmeza que me mantiene viva.
No escribo estas palabras buscando una querella,
tan solo quiero paz, que el alma se posea;
te quiero, más mi vuelo camina tras la estrella,
¡y que la santa gracia de Dios mi rumbo vea!