Estas tan lejos en el espacio y te siento dentro de mí, con tu calor y la mágica forma que tienes de aliviar mi dolor haces que mi alma se pueda levantar cuando está rota una vez más. Que estés ahí, solo para escuchar se ha vuelto mi refugio y no puedo alejarme de ti, eres la curita que hace mis días más felices y me da esperanza para siguiera imaginar que si merezco ser feliz.
Ni siquiera puedes sospechar lo valioso que es saberte mío, mi amigo incondicional que escucha mi llanto mientras me sostiene y que siente mi dolor como suyo, y sé que no debería aferrarme tanto a ti, pero es inevitable amarte tanto por como entregas tu dulce corazón desinteresado.
Y le agradezco al cielo que por destino o casualidad te puso en mi camino y te conocí de la forma más loca que jamás podría haber imaginado, hablando hasta el amanecer por mensajes sin siquiera haber hablado antes, pude desnudar mi alma adolorida y escuchaste (o leíste como me dijiste) consolándome con la ternura que te caracteriza como nadie antes lo había hecho y sentí tus abrazos y tus caricias a través del teléfono cada vez que yo lloraba y ya no aguantaba más.
Y sé que no debo amarte amigo mío, aunque no lo acepte, porque eso quedo claro desde el inicio de nuestro encuentro, y si tu amistad me completa el alma como lo haces, te veré ser feliz con otra, pero no te puedo perder.