Con el tapiz del saber
y el apremio del tiempo
se esfuma la vida.
Hacemos una pausa
y si miramos atrás.
Al otro lado del cerco
habita la ausencia
de la crisálida.
Por tanto, hemos
de atesorar la dicha
como si fuera
una ofrenda del destino.
Y al hojear el álbum
de los eventos de la vida,
el discernimiento es lo
que siempre predomina.