Los cantos de tu voz son más que alegres:
se anidan con dulzura en la música de los santos,
que despiertan del más allá para escucharte.
A lo lejos, unas campanas ríen y sueñan en silencio,
arrullando a los jardines que reverdecen.
Una nube ha esculpido tu figura celestial
con los azules destellos de las estrellas
y un pincel sabedor de las sonrisas.
¿Será que alguna vez los dioses
señalen con su índice el camino para alcanzarte
en ese espacio donde las armonías no duermen?