¡Qué infancia cambiante y soñadora,
de semblante ilusionado y fuerte!.
Será el tiempo quien decida en suerte
el momento, concretar hasta la hora.
¡Cuántos sueños que pasaron gota a gota
empapados de sonrisas y miradas
que llegaban a los ojos, se fijaban,
sin hallar explicación a tantas cosas!.
¿Cómo no recordar tantas vivencias
compartidas en momentos, otras sola?.
El sonido del estruendo de las olas,
la canción acampanada de la Iglesia…
Fueron tantos los fantasmas como estrellas
que vinieron disfrazados de temor.
No hubo lágrimas profundas ni dolor,
fue una etapa tan sincera, dulce, bella…
La inocencia se vestía paso a paso
de verdad para vencer la hipocresía
y fue el tiempo quien me vio correr los días
dándome la explicación en cada caso…
Yo creí que maduraba como un pino…
Fue tan sólo ver de nuevo las estrellas
y encontrar que no tan sólo eran muy bellas
sino ver que había en ellas un camino.