A la orilla de tu boca,
qué gusto es encontrarme ahí,
lugar que me trastoca;
y mecerme al compás de tus latidos,
y derretirme en tu inmensa dulzura.
Fluyen dos caudalosos ríos,
jóvenes y apasionados;
deseo de bañarme en tus exquisitas aguas,
deseo del aroma tuyo el perfume mío;
y un ardiente escalofrío me arrolla
y qué gusto estar justo,
a la orilla de tu boca.