El sol su fuego desata,
un fulgor de oro tesoro,
un encendido decoro
que a la sombra la delata.
La tarde el tiempo arrebata
en un ocaso de brillo,
deja un rastro muy sencillo,
una herencia que en el mar
la luna va a transformar
en un nocturno pasillo.
Ese fulgor que fue llama
en la tarde soberana
se vuelve luz más liviana
que en el océano encalla.
La mangata es la medalla
de plata sobre el espejo,
un misterioso reflejo
que unió el sol con la marea
para que el mundo posea
su más divina presea.
Classman