Estaba Yo dianbulando en un paraje solitario.
Cuando allí, en la distancia lejana aviste.
Una rosa hermosa, de color extraordinario.
Al instante quedé segado de aquel deseo triste.
Me acerque y de rodillas la toque con caricias.
Sin pensar que en su dulce estilo imaginario.
Ocultaba el orgullo, en sus diminutas espinas.
Sin saber la deseé mas que el blanco lirio.
Pero al tratar de sacarla de su majestusa planta
Sus espinas me pincharon sin distinción en las manos.
Y del agrio dolor grite como un niño que se espanta.
Noté luego, que tras la belleza inmaculada.
Y de sus petalos suave de color rojo revestida.
La dulzura que ostemtaba no era nada.
Con engaño escondía en su forma más pura.
Y como velo usando su linda apariencia.
Ocultaba en secreto su dual intención.
Pues en su interior, su recía esencia.
Me hizo así entender por completo.
No todo lo manso esta lleno de inocencia.
Es la rosa, de una belleza delicada.
Es la flor de espinas hiriente.
Ten cuidado quizá miente.
Autor: Eugenio Eliseo de Gracia