JordiCris
Como un viejo alquimista.
Salgo al alba con las manos vacías
como un viejo alquimista sin laboratorio,
con apenas un puñado de preguntas
y el desgaste noble de los años.
La vida no me entrega oro,
ni fórmulas grabadas en el cobre;
me ofrece barro, pérdidas y ceniza
con la tarea infinita de transformarlas a diario.
He aprendido que los dragones cambian de forma y nombre,
que el miedo viste mil trajes diferentes,
que ninguna piedra filosofal
evita el trabajo del corazón.
Por eso avanzo despacio,
mezclando paciencia con memoria, con historia,
esperanza y cicatrices,
con falsabilidad y voluntad.
Cuando el fracaso cae sobre mi mesa,
lo observo como quien estudia un metal extraño;
cuando la alegría aparece,
la guardo en frascos de gratitud y de gozo.
No busco vencer al tiempo,
sino conversar con él junto al fuego
y que marque mis arrugas si lo desea,
no pienso resistirme ni luchar contra él
pues ellas son parte de esta obra.
Y así me enfrento a la vida,
como un viejo alquimista en su último taller
sabiendo que el verdadero milagro
no es convertir el plomo en oro,
sino convertir cada día vivido
en una luz pequeña y duradera,
en crear momentos únicos capaces de alumbrar mis noches
sin tener que dejar de ser humano. Sin renunciar a mí.
Mi poesía
Poema 27
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