A DIEZ MINUTOS DEL CENTRO
formaban una red de personajes
muy humanos, pero también muy distintos
pues estaba el gordo, sin una pizca de grasa
en el cerebro, y el que parecía tonto, y
también el imprescindible hombre para solucionar
todo tipo de problemas,
y la chica nerviosa, agresiva, bonita, solidaria
también en las emergencia y en los momentos
de grave peligro. Y la mujer ya madura
pero excelente organizadora de una asociación
de vecinos: puntal básico para mantener
la llama del compromiso político
en el barrio de la gran urbe, con sus miles
de autos circulando, sus centenares de buses
y hasta una línea de metro.
Y el que perdía los nervios
en situaciones extremas pero que, por lo general,
resultaba comprensivo, alegre, el compañero risueño.
Y andaban entre sí todos enmarañados y libres,
y contentos también en sus modestos papeles
de hombrecillos urbanos. El mundo de la red
de los hombres y las mujeres humildes,
a solo unas horas, a unos minutos del centro.
Gaspar Jover Polo