Benditos los días en que despierto arropada por tu sonrisa, bendito el aire que se vuelve suspiro cuando te acercas y bendito el brillo que guía mis ojos hacia tu presencia.
Yo, que he sido paria, que a deidades no hice venia, sin permiso de ningún dios, con nada más que mi vida, te bendigo para siempre,
amada mía.