¿Por qué no huyes de mi cabeza?
Porque de mis pensamientos has hecho tu hogar.
Leña pusiste en la hoguera
y acomodaste tu propio sitio
dentro de mi corazón.
Para que salgas de mi lista de importantes,
me ha tocado orar a Dios sin cesar.
¿Será el destino que nos volvió a unir,
o soy yo,
que con mis hipótesis
idealizo ideas locas
y las guardo para mí,
para no pronunciarlas con mi boca?