EL ECO DE LAS MANOS EQUIVOCADAS
Me preguntaron:
¿Le tienes miedo a algo?
Y respondí:
Sí, a volver a amar con la misma intensidad, a entregar el alma sin reservas, a construir sueños sobre abrazos pasajeros.
Le temo a encontrar otros ojos y buscar en ellos tu mirada, a escuchar otras voces y extrañar el refugio de la tuya.
Porque el miedo no es amar, el miedo es hacerlo de nuevo y descubrir que todo ese amor inmenso terminó descansando en manos equivocadas.
Manos que no sepan cuidarlo, que no entiendan su valor, que lo dejen caer como si fuera nada, sin saber cuánto costó reunirlo.
Y entonces comprendí que mi mayor temor no es volver a enamorarme, sino quedarme con el corazón abierto, sosteniendo todo el amor que aún guardo, y que esas manos que lo reciban
no sean las tuyas.