Ya no escribo poesía
De la sombra putrefacta
Ni escribo versos
Que rebozan melancolía
Ya nada tiene sentido
Si todo duele hasta los huesos
Desahucié a mi alma
De la sombra perpetúa
Y erradiqué a las musas
Por una corona de espinas
Me senté en el patio
A pensar en el sagrado lodo
Y me di cuenta;
Los árboles no son verdes
Ni las manzanas tan rojas
La luna no es agreste
El sordo se cubre los oídos
Y el ciego los ojos
No hay mal del que si quiere ver
Si hay mal que dura cien años
La consecuencia no tiene conciencia
La conciencia no quiere pensar
Dejé la jaula de carne
Para mirar al cielo morir
La sombra del día
Es más duradera de noche
Y la oscuridad de la noche
Es más brillante el día
El reloj se quebró
Las cadenas al tener alas se oxidaron
La espera se aburrió
De tanto amanecer ignorante
Y Alejandra era feliz
Cuando jugaba con la muerte.