En la hondura quebrantable de la tierra,
cuando el mármol del cielo se desató,
se alzó tu voz, Venezuela, como un lirio,
Jardín de orquídeas, ternura y calor.
Tus montañas sangraron su silencio,
tus ríos se detuvieron a llorar,
pero en la brisa llegó nuestra promesa:
ser columna, ser canto, ser hogar.
Hermano querido, hermana que resiste,
no estás solo en la sombra ni el temblor,
somos hermanos que siempre tuviste,
como un puente de fortaleza y amor.
Que la aurora despierte tus ciudades,
que el jazmín vuelva a perfumar tu paz,
y que juntos sembremos en la herida
un jardín de esperanza sin final.
Dedicada a nuestros hermanos venezolanos, que han pasado en estos momentos por dos fuertes sismos, dejando grandes daños, querido hermanos, no están solos, nuestro Padre Dios nos hermanó desde un principio. Nuestros brazos no les faltarán, estamos con ustedes.
Annabeth Aparicio de León
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