Yo pienso que
los buenos futbolistas
deben ser pobres y marginados,
del sistema educativo olvidados,
de la calle y la escasez aprendices.
No se concibe que el talento
pueda crecer entre jardines;
parece exigir cicatrices
como requisito del nacimiento.
Cuanto más dura la infancia,
más hermosa resulta la hazaña.
Cuanto más hondo el agujero,
más rentable la campaña.
Y así celebramos el milagro:
Pelé, Maradona, Suárez, Messi...
como si la pobreza fuese maestra
y no una deuda de la especie.
Quizás por eso el negocio
la mira con cierta ternura:
si desaparece la pobreza,
¿de dónde vendrán las futuras figuras?
!Que nunca falten los barrios rotos,
las canchas de tierra y el hambre!
el próximo ídolo del mundo
podría estar esperando allí.
Después venderemos su historia,
haremos documentales,
y llamaremos inspiración
a lo que antes fueron desigualdades.