Padre, tu voz firme y clara
me enseñó el valor del bien,
y aunque a veces no entendía,
hoy sé cuánto te esforzaste también.
Gracias por tu corrección,
por mostrarme el buen camino,
por guiarme con paciencia
y apoyarme en mi destino.
Tus palabras, tus silencios,
formaron mi corazón;
y en cada paso que doy,
llevo tu ejemplo y tu razón.
Hoy te digo, sin reservas,
con cariño y emoción:
gracias por tu corrección,
te quiero de corazón.