Freddy Kalvo

¡Quiero quedarme contigo!

Si la muerte llega un día

a imponer su cruel castigo…

—¡Quiero quedarme contigo,

porque en ti está mi alegría!

Si la vida ya no es mía

porque dueña es ya la muerte,

al final, quiero tenerte

y tocarte con mis manos;

con tus ojos, más cercanos,

aunque ya no pueda verte...

 

—¡Quiero quedarme contigo,

todo el tiempo que se pueda

y quedarme, donde queda,

el amor como testigo!

Y con tiempo ahora digo

que la vida es luz divina

que se apaga, que termina,

cuando llega su momento

y el suspiro es lento, lento,

si la muerte se avecina…

 

Y la fecha no predigo

por ser ese un hecho incierto.

Pero digo: —¡Antes que muerto,

quiero quedarme contigo!

Mientras tanto, siempre sigo,

disfrutando tu hermosura

como fruta con dulzura

que mi boca siempre toca

y tus labios que, a mi boca,

van besando con ternura.

 

Ya dirán: —¡Qué enamorado!

Y tendrán justa razón

si estás en mi corazón

como prenda que ha brillado.

Y en presente y en pasado…

—¡Quiero quedarme contigo

pues de mí no te desligo

si tú vives aquí adentro

y yo sigo siendo el centro

de tu amor sin ser mendigo!

 

—¡Ah, que no sea un deseo

que en mí no se cumpla nunca

si la muerte pronto trunca

este loco devaneo!

Y es que llevo como un reo

este deseo conmigo

que alimenta como el trigo

la esperanza que no muere.

—¿Y la muerte? —¡Qué me espere,

quiero quedarme contigo!