Caminos que el ayer dejó trazados
se borran en la bruma del olvido,
y el tiempo, con su paso inadvertido,
deshace los contornos dibujados.
Los días, en su polvo acumulados,
marchitan lo que fue jardín florido,
y queda el corazón, casi dormido,
guardando ecos dispersos y apagados.
Entonces de la herida brota un canto,
y el paso incierto encuentra su camino
no en lo que fue, si no en lo que transita
Porque el olvido es manto, no quebranto,
y el corazón, al fin, se hace destino
tejiendo con luz todo lo que habita.