Cuando todo lo que sabes
es semilla en busca de agua
para una cosecha universal,
y aunque no falten el empeño y las ganas,
sabes que, por mucha tierra y lluvia,
ningún fruto madura por sí solo,
sino según su propio orden natural.
Entre la semilla y la cosecha,
entre la raíz y el horizonte…
mejor ser semilla en tierra fértil
que pasto de la niebla, seguir la corriente o dejarse llevar,
hasta perder el rumbo y olvidar el impulso... de seguir yendo siempre a por más.