Olor a café matutino, granos de café recién molido.
Cabellos en color grisáceo y blancos. Son aquellos
que desprenden del cepillo de la mujer de manos
arrugadas, mientras a cucharadas añade azúcar
para la taza de su nieta con un cariño particular.
La nostalgia me persigue recordando como aquella
me amagaba con un sorbo de su bebida amarga
dándome después un té humeante de manzanilla.
Si estuviera aquí, por ella y solo ella, solo eso bebería
más sus latidos no puedo escuchar y solo la melancolía
me recuerda ese lapso imposible de revivir con aquella amiga.