Apenas un soplo
La actividad lúdica del alma
es apenas un soplo.
Pero el hombre se degrada, pierde la probidad,
camina como un ser sin alas.
Lleva agua entre las manos,
un agua mezquina que no suelta,
que se resiste a ser catequizada.
Se enfrenta a la vida de forma impúdica,
se absorbe en su propio egoísmo insano
y se deja caer en vacíos fraudulentos.
Así es como pegan los carteles de la culpa en su esternón.
Pero ellos no saben nada.
No saben que tus ojos tienen el color del agua limpia,
que tu piel es un parque tibio a la mañana,
y que en tu sonrisa los niños cantan a María Elena Walsh.
Entonces la dicha brota de la tierra,
entonces la felicidad se vuelve real.
Entre el diamante y el ladrido de la calle,
voceas verdades acerca de los fríos del mundo,
y al hacerlo, me completas.
Me enfrentas a mi propio reflejo,
y por fin asumo mi soplo en el alma:
acepto que yo también soy agua entre las manos,
escurridizo, herido, pero vivo.
Porque a veces, si el ruido se calla,
puedo asomarme a tus ojos
y escuchar cómo los niños cantan, otra vez,
a María Elena Walsh.