Todo comenzó al verla la primera vez
con esa sonrisa enorme
que dejaba ver toda la inocencia
del momento,
con esos ojos llenos de vida
que taladraban los míos
robándome el aliento…
ella sin saberlo… ¡por supuesto!
Comenzó a crecer en mí
un sentimiento extraño que
recorría electrizante cada
parte de mi cuerpo;
aprendí a dibujar con la yema
de mis dedos su figura
sin igual,
apoyándome en el aire para
que el viento la meciera
frente a mí.
Todo comenzó al verla la primera vez
me ganó una voluntad
que hasta ese momento no
sabía que podía tener;
me dejé llevar, me dejé atrapar
y cerré los ojos para no
escaparme más…
ella sin saberlo... ¡por supuesto!
Su aroma era especial,
llenaba cada rincón donde
pasaba, su esencia
circulaba sigilosamente
como fantasma al acecho
para tocar el hombro de quien tanto lo extraña,
Esa era ella ¡mi fantasma sombrío!
que apenas comenzaba
a diluirse para darle la forma
exacta al amor, a ese amor
que crecía dentro de mí y
que ya veía venir.
Y ella sin saberlo... ¡por supuesto!
Todo comenzó al verla la primera vez,
me llevó con ella para siempre,
me dejó vacío, me dejó en silencio
y el amor floreció
como lirios en el río…
Y ella sin saberlo… ¡por supuesto!
esa era ella…
mi fantasma sombrío.
© Miguel Alfonso Curioca Vega, 2026, todos los derechos reservados.