Honrar a Papá y Mamá.
Nos dieron la vida pero no queremos la vida,
por eso desechamos en el muladar a nuestro fruto.
Nos dieron tristezas y desencantos,
por eso sentimos que podemos juzgarlos.
Nos dieron imperfección, fueron humanos;
por eso nos rebelamos altivos contra el diseño.
Nos dieron pobreza, nos dieron riqueza,
no los elegimos, y tampoco los necesitamos.
Nos dieron odio, o talvez nos entregaron su amor;
No les debemos nada ni siquiera el perdón.
Nos pudieron dar lo peor,
nos hicieron sufrir,
nos enseñaron en la maldad,
y aún así vivimos porque eligieron nuestra vida.
¡Ah! pero somos tan limpios
tan puros que podemos apedrear su nombre,
jueces y verdugos de su memoria,
justos en nuestra propia opinión.
El vientre de la madre es visto como una cárcel,
no lo pedimos, no lo elegimos, lo aborrecemos,
y nuestros propios vientres serán como el Seol.
Nos engendraron nuestros padres,
o eran una sombra,
o eran una presencia que estorba.
Siempre presentan excusas,
siempre esconden sus culpas
el olor de su basura con la de otros,
siempre es la rebelión contra la sabiduría,
contra el orden divino,
contra su mandato en la vida de los hombres.
Su lucha no es contra sus padres,
sino contra el pecado,
el rencor y su esclavitud.
Si desprecias su jáquima,
la autoridad del Señor desprecias;
su yugo empieza por nuestros padres.