Cuando miro a la parca de frente
y le aguanto su firme mirada,
nunca lo hago como un desafío.
Soy consciente que en esta partida
lleva todos los ases consigo…
¡De un principio, la lleva ganada!
En silencio me va acompañando
sin que medie ni media palabra,
y entre el frío verdor de cipreses
de su túnica amplia y desplegada,
mustios caen los días y meses,
y el tedeum, de las noches calladas.
Yo La invito a tomar unas copas
de un brebaje que a nada me sabe,
y con sorbo tranquilo y pausado,
me recuerda que vamos de viaje
a unos mundos que todos buscamos
y por suerte, no conoce nadie.