El perro de mi vecina tiene un talento extraño: persigue su propia cola con la disciplina de un científico.
Da vueltas y vueltas, concentrado, solemne, decidido.
Yo lo observo desde la ventana y me pregunto si busca una respuesta, si intenta resolver un misterio o si simplemente olvidó que la cola viene incluida.
A veces se detiene, jadeando, la mira con sorpresa y parece pensar: -¡Ah, eras tú!
Entonces se echa a dormir, satisfecho de haber descubierto, por quinta vez esa semana, el mismo secreto.
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Rafael Blanco López
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