Una hermosa estrella, felizmente
Va flotando, danzante, alegremente,
Ya que alegría es su segundo nombre,
Y no hay hombre que no escuche.
Como suena el arder de su alma,
Desprendiendo tan valiosa calma,
Que hasta la oscuridad se asombra
Y vuelve blanca a las sombras.
Ya que no hay alma sin danza,
Siendo emociones una balanza;
Una balanza de suaves pasos
Que inquietan a los pasados.
De hombres tristes y abandonados,
Que el destino los vuelve inquietos,
Piden y rezan por aquella estrella,
Porque no pueden vivir sin ella.
Autor: Samuel Fuentes