El latido poético de nuestra tierra
Sentimos la poesía en Latinoamérica,
no como un arte ajeno, sino como el aire al respirar.
Se cuela en la cumbia, en el tango, en la samba,
en la voz del mercado, en el grito del carnaval.
Nace en la selva umbría, donde el jaguar acecha,
en la cumbre andina, besada por la eternidad.
En la arena dorada que el sol acaricia,
en la calle empedrada de vieja ciudad.
La sentimos en el alma del compadrito,
en la fuerza del obrero, en la fe de la abuela.
En la copla del gaucho, en el verso de la quiebra,
en la historia contada bajo la misma estrella.
No es solo palabra escrita en papel sereno,
es ritmo que nos mueve, es color que nos ciega.
Es el grito de lucha, el suspiro ameno,
la metáfora viva que en cada esquina entrega.
La poesía es el eco de nuestros ancestros sabios,
la voz de la Pachamama, el clamor de su gente.
Es el abrazo fraterno, los sueños que creamos,
la rebeldía que enciende la llama latente.
Sentimos la poesía en Latinoamérica,
con el sabor del mate, con el aroma del café.
En cada mirada cómplice, en cada esquina,
un verso que florece, simple y con fe.
En Latinoamérica, la poesía no se recita, se vive; no se escribe,
se siente en la sangre, en el ritmo, en el alma de nuestra gente.