Llegaste a mí como el claro de una mañana,
de palabras tibias y algo más.
Como si tus ojos fueran esperanza
y tu piel, calma.
—¿Qué eres tú? —te pregunté.
¿Un compañero? ¿una fantasía? tal vez
un espejismo… no lo sé.
Y solo tal vez tú,
que cargas la terrible idea de todo
y, a la vez, de nada,
te dejaré aquí, conmigo,
pensando si serás luz o abismo.