¿Quién soy?
Es una pregunta que una vez escuché,
una pregunta que ni siquiera parece tener una respuesta breve,
como si pudiera resumirse en una palabra,
un oficio,
un nombre escrito en un diario.
Y yo no supe qué responder.
Porque he sido tantas cosas
que ninguna me pertenece por completo.
Fui quien tomó ciertas decisiones.
No sé si fueron correctas.
Tampoco sé si fueron mías
o de la persona que era entonces.
Lo único que sé
es que todavía cargo con ellas.
Fui quien amó,
perdonó,
lloró,
sufrió,
esperó.
Y también fui el que se equivocó.
El que tomó caminos
que no quería recorrer,
el que aprendió que el deber de equivocarse
consiste en renunciar a lo imaginable.
Por eso me cuesta responder.
Porque si digo quién soy,
dejo afuera a todos los que fui,
y si nombro lo que siento,
olvido lo que sentiré mañana.
Quizás ni siquiera soy una respuesta.
Quizás soy esta duda
que sigue en pie.
Este cuerpo que avanza
sin comprender el mapa lleno de senderos.
Y cuando llegue el último día,
no quisiera descubrir quién era.
Quiero descubrir
que nunca dejé de buscarme.