No digas mi nombre...
no hieras el relieve de las colinas
de un pueblo que se quedó suspendido en la infancia
No le robes el color azulado a la madrugada,
para ocultar en tus mejillas las huellas del pasado
No me invoques en las noches calladas,
ni ofendas el candor de los cerezos en flor,
que murmuran en secreto sus cuitas de amor...
ellos lloran en silencio al clarear de la alborada
No digas mi nombre...
no pronuncies las silabas de un mar de intenso azul
que me persigue en los sueños desde niño
No impidas que me acuerde de las cartas
que escribiste cuando creías estar enamorada
La rosa que te regalé aquella fugaz mañana,
se marchitó entre los pliegues de una ilusión lejana,
revestida con la inocencia de una verdad ajada
No digas mi nombre...
no repares en las manecillas del reloj
el tiempo que ha pasado entre nosotros,
espera un poco más... no te vayas todavía
No confundas mi silencio con aceptación genuina,
ni te atrevas a perjurar que en el verano pasado
fue por ti que al balcón llegaron las golondrinas
No digas mi nombre...
no llores en los caminos porque yo no te he querido,
si sabes que te esperé cuando aún no habías llegado
No deletrees mi nombre deshojando margaritas,
que si te quiero o no te quiero, esa es cosa del pasado...
acepta que casi nunca, tu acudías a nuestra cita
No digas mi nombre...
no me recuerdes en las noches estrelladas,
ni me busques en el silencio de la madrugada
Ya el tiempo se nos pasó y es difícil devolverlo,
si te sientes herida, en verdad no digas nada
No digas mi nombre...
el invierno pasará... como se nos pasó la vida,
acuñando el sentimientos en el lugar equivocado...
el otoño llegó, lastimando las heridas
No digas mi nombre...
la escarcha de los años nos cayó encima,
dejándonos los vestigios de la juventud perdida
No digas mi nombre...
no es encono solamente... es el frío de la vida
No digas mi nombre...