En la altiva barandilla
donde apoyado soporto
mi pobre desolación,
un ramo de claveles rojos
arrancados por mis manos
impetuosas y torpes
del inventado parterre
donde habita sin sosiego
mi pobre resignación,
he anudado
con hilazas de esperanza
para saber cuánto dura
su lozana condición.
El candado que pusimos
hace unos años tu y yo,
oxidado por la lluvia,
ha perdido lozanía
y las palabras gravadas
con rotunda devoción,
se han borrado como versos
de un soneto
escrito sin corazón.
JOSE ANTONIO GARCIA CALVO