El instinto de supervivencia los lleva a construir
refugios ante la amenaza nuclear, un eco de su
miedo a la muerte. Pero la misma mano que
erige el búnker, forja el arma que podría
aniquilarlo todo. ¿A qué le temen realmente:
¿a la muerte, o a su propia naturaleza?
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Al final, solo veo dos linajes: los que beben
la existencia a sorbos plenos, y los que
mueren de sed contando oro.
jureme.