Grito de guerra soy, jamás de ocaso.
Hay luz interna y triunfo en la conciencia,
vitalidad alegre en el latido
ligada a un infinito agradecer.
En este deambular todo es belleza,
proscrito ya el dolor del viejo trecho.
Que el sol, sin culpa, acaricie la rosa
y siga el mundo con su marcha viva.
Que sea del viento el despertar alegre,
que el alba despunte azul y vibrante,
y el gran propósito prosiga al frente.
El fin no llegará mientras la altura
de nuestra voz resuene con la honda
sabiduría y ánimo de roca.
¡Y como el fuego de volcán eterno,
al rojo vivo por el intelecto,
me reconozco en el final del viaje!