En triste y abúlico estado,
voy consumiendo mis días,
se agotan las poesías
de un bardo depauperado.
Es el álgido momento
de un grandevo displicente,
al que le falla la mente
y le falta el argumento.
Quiescente en tal situación,
remando contra corriente,
sin salir de esa envolvente,
busco allí mi redención.
Dónde quedó el verso ágil
que con frecuencia fluía,
que al amanecer el día
se me antojaba tan frágil.
Quizás son como las flores,
que al invernar, se marchitan
en la madurez, dormitan
a la espera de calores.
Classman