JordiCris

Armónico y onírico universo

Los relojes de arena se duermen boca abajo
y el ruido del mundo es un piano sin cuerdas
                    en el centro exacto de mi cabeza;
un pez de plata nadando en agua hirviendo, sin cocerse.
 
Mis pulmones se llenan de raíces blancas,
mientras los trenes del ruido ajeno y el pánico descarrilan 
                    en silencio, sin estruendos. ni heridos
sobre un colchón de musgo de hilo blanco invisible.

Ya no hay relojes con agujas con dientes de lobo
y los tigres de la prisa se han vuelto vegetarianos;
                    Y, yo, abro la mano para recoger un racimo de estrellas
mudas que, frente al espejo, ya no reflejan neones ni gritos.

Ahora, solo en un desierto de nieve, donde descansan mi sombra
y mi mente bajo una campana de cristal que envuelve mis sueños
                    mientras las mareas han bajado tanto que el fondo del mar es de trigo
y yo voy pintando sus peces volando sobre las espigas doradas.
 
Estoy sentado en la silla del viento viendo con los ojos cerrados
cómo mis propios ojos vuelan hacia adentro de mí como dos pájaros
                    que regresan a un nido hecho de nubes oníricas de algodón
dentro del laberinto del fauno que soy buscando siempre salidas.

Ahora el silencio es un hilo de oro que sostiene todos mis planetas,
todos mis mundos, reales e irreales y a todo mi universo, un universo bello
ahora mismo que sé que está en paz, al menos hasta el siguiente trueno.
 
Poema 24
Mi poesía
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